miércoles, 3 de septiembre de 2014

SERVIR DESDE LA LUZ

He aprendido a escuchar el susurro de mis silencios y a convertirlo en una extraña frecuencia de comunicación con los corazones de aquellos que han decidido servir desde el amor a los que más necesitan, pues aquellos que en este momento son los más valientes, no son los que más ira y miedo proyectan, no son los que más ruido hacen, sino los que en silencio y con un amor infinito están cada segundo intentando cambiar los cimientos de una sociedad que está podrida y caduca, desde la invisibilidad de las pequeñas grandes decisiones. Cuando aprendemos que con muy poco necesitamos cada vez menos y cuanto menos necesitamos más felices somos, cada excedente de energía que producimos en el servicio al otro, revierte en una sonrisa más y una lágrima menos. Mirad a aquellos que están siendo perseguidos por causa de la defensa de los Derechos Humanos, Mirad a aquellos que están dando su vida por conseguir la sonrisa de millones. Mirad a aquellos que comparten su casa, su comida y su excedente. Fijaos en aquellos que dedican su tiempo y su energía al apoyo de los que nada tienen, Fijaos en aquellos que no desfallecen en su intento de seguir ayudando a despertar a los dormidos y de seguir curando las llagas de los heridos, de seguir sanando a los enfermos y alegrando las mañanas a los desesperados. Fijaos en aquellos que heroicamente están dedicando su energía infinita al servicio del amor incondicional, no os fijéis en sus clavos, sus heridas o sus cruces, sino en la fuerza con la que siguen caminando tras la crucifixión. Esa fuerza no es de este mundo, pues se cuentan ya por legiones y cada vez son más. Fijaos en el poder de los silencios colectivos porque mueven montañas. Mirad a vuestro alrededor, porque el brillo de los ojos de los consolados, os alimentará de la energía necesaria para seguir amando incondicionalmente y consolando al resto de vuestros hermanos. Todos los seres humanos somos hermanos y tenemos los mismos derechos. No consintamos el desconsuelo, la miseria, mientras quede una barra de pan, una espiga de trigo que sobre de vuestras casas, unas palabras de consuelo, un solo lecho de sobra donde dormir, unos abrazos y unos besos, las almas permanecerán encendidas y se alimentarán de la luz de vuestros gestos silenciosos. Cada gesto silencioso es una victoria, porque enciende la llama del alma de un consolado. Cada despierto es un centenar de despiertos y cada servidor de almas un baluarte para la Paz y la Solidaridad. Y cada día que pasa la conexión es más fuerte que el día anterior, hasta el punto que desde los profundos silencios, todos los despiertos pueden comunicarse con una simple mirada - Rafael López-Guerrero

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