domingo, 30 de noviembre de 2014

MI CREDO

Creo en un Dios hiperinteligente, tan amoroso y eficiente que es capaz de convertir el mor (caos) en a-mor (orden) con tal sutileza y sencillez que hace que sus infinitos multiversos generen infinitas formas de vida y armonía. Creo en un Dios que es existencia pura, inagotable y omnipresente, origen del final y el final de cada origen, en continuo movimiento energético, intemporal y sencillo de comprender desde la calma , la e-moción y la intuición pero imposible de aprehender por la razón pura e inaccesible e imperceptible desde el “ego”. Creo en sus pensamientos y su energía como configuradores del mismo Universo del que formo parte así como en cada uno de los rangos de realidad en el que se compone, pues fluyo con ellos y en ellos en esa energía infinita que emana de mis centros nerviosos y de mis entrañas cuando estoy en él y con él, pues me para y me acelera el tiempo así como dejo que obre en mi su voluntad cuando dejo fluir en mi su energía de la que formo parte al igual que el resto de los seres y las cosas materiales. Creo que su reino está dentro y fuera de mi, en la Tierra y en el cielo, en el bosón y en los Big Bangs, en lo microscópico y en lo macroscópico , en cada célula, y en cada espora, neurona, axón y dendrita de mi cerebro, corazón y mente, en lo finito y en lo infinito, en el prójimo y en el lejano, pues obra en mi maravillas cuando me dejo mecer por la serenidad de su resonante frecuencia y me dejo envolver por su grandeza desde mi minúscula pequeñez. Creo en sus pensamientos, sus emociones su amor infinito y su misecoricordia absoluta, pues no existe otra fuerza capaz de eclipsar a gran escala su gloriosa creación constante y continua, extensa y diversa por las eras, en el no tiempo de las variables cosmológicas que hacen constante y continua su intervención sutil y su logarítmica y fractal energía materializadora, fruto de su sublime, indescriptible e inabarcable inteligencia de la que todos los seres formamos parte cuando tomamos consciencia y dejamos que obre en nosotros. Creo en el paraíso entendido como la calma, la dicha y el gozo de poder recibir el don de contemplar su obra con sus ojos, desde su amor infinito y con la absoluta calma indescriptible de saber que no existe el tiempo para su misión creadora, pues está presente desde el principio en un escenario en el que desde el fin siempre se regresa al principio por trillones de ciclos de Eones, del que somos imagen y semejanza en nuestro más profundo código genético y esencia. Creo en el alma entendida como esa parte de Dios en nosotros en la que estamos como Seres vivos conectados con él en la sutil frecuencia del espíritu, como el hijo que habita en la casa del padre y se siente unido con un vínculo emocional tan profundo e intenso que la energía fluye constante como una paloma mensajera del emisor al receptor de forma consciente, constante y continua. Creo en la cristalización de nuestro ADN, como materialización del cristo en nosotros, manifestación innegable de nuestra imagen y semejanza en él, su esencia y con sus sentimientos y energía en movimiento continuo, que nos impulsa al amor incondicional como negación del caos, la aceptación de la sinestesia y la creación material y nos guía, orienta e ilumina en la oscuridad de las energias más densas cuando voluntaria y conscientemente dejamos que sea la lógica y no la razón la que obre en nosotros. Creo en la sutil convergencia armónica de nuestros centros nerviosos cuando abrimos nuestra señal resonante a las frecuencias de nuestra madre, la Tierra que nos acoge, nos alimenta, nos cuida y nos provee de todas las Fuentes biofísicas que necesitamos para desenvolver nuestra vida, crecer y multiplicarnos en ella y con ella y no en conflicto con su existencia. Creo en las resonancias que hicieron y hacen que la Madre sea virgen, en el sentido que ninguna energía nociva exterior puede entrar, gracias a su predisposición consciente y voluntaria de perfecta armonía en su perfecta e inmaculada configuración, para fecundar y albergar la vida con vocación de permanencia. Creo en otras Madres, también vírgenes en el mismo sentido y naturaleza, dispersas por la grandeza de este y de otros universos, configuradas de análoga forma acorde con las diversas manifestaciones de vida y grandeza de la creación infinita del inmenso e inabarcable amor de nuestro creador. Creo en la semilla divina de la creación, configurada como una sutil caricia que envuelve el cosmos, que genera estrellas, planetas y que todo lo impulsa, desde la inmensa grandeza del creador omnipresente e intemporal. Desde mi pequeñez, me rindo ante tu inmensa grandeza y celebro la fiesta de tu existencia desde la prueba más tangible que tengo de vos que es mi propia existencia cristalizada ya por la recepción en mi del gran misterio de la connexion consciente del Padre con el hijo que reside en la madre por obra y gracia del espíritu santo, tus resonancias de vida eternal. Te doy gracias infinitas por permitirme desde mi pequeñez entender tu creación y poder disfrutar del hoy, el aquí y el ahora en el sin tiempo de cada atosegundo de mi existencia, pues ya no temo al futuro, pues tú lo provees cada instante en mi presente continuo. - Rafael Lopez-Guerrero

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